Un parque de diversiones natural: recorrer el bosque con los niños

20 de abril (DPA).-Salir a pasear por el bosque el fin de semana no es un programa que entusiasme siempre a los niños. La mayoría de las veces la respuesta es “qué aburrido”: para ellos siempre es mejor opción el parque de diversiones. Sin embargo, pasear por el bosque puede ser un gran programa para los niños, como atestigua la guardabosques alemana Wibeke Schmidt.

Alemania es un país en el que no es difícil tener un bosque cerca, por lo que Schmidt organiza desde hace años paseos para familias. “Es algo completamente distinto a ir al parque de diversiones”, asegura. Pero que sea distinto no quiere decir que sea aburrido. Schmidt está convencida: “Los desafíos que encierra el bosque son mucho más profundos, tanto para los niños como para los adultos”.

Los niños se entusiasman más cuando los adultos también participan de la actividad y están dispuestos a salirse de los senderos predeterminados. Caminar derecho por un sendero es aburrido para los chicos. Por eso, es importante que los padres se reserven algo de tiempo y se animen a mirar a los costados. El objetivo debe ser el camino. Y si los niños pueden compartir el paseo con hermanos o amigos, participarán aún con mayor entusiasmo.

En general, es posible salirse de los senderos, aunque siempre es importante consultar primero con el guardabosques. Fuera del camino hay mucho que descubrir: un nido de carpintero, bien arriba en el árbol, o las pisadas de un ciervo en la tierra fresca. Buscar huellas es especialmente divertido después de una lluvia o nieve. En las librerías -o en Internet- es posible encontrar información acerca de las distintas pisadas de los animales para poder identificarlas. Nunca está de más que los adultos estudien un poco antes de la salida para poder orientar a los niños.

Sin embargo, también es posible investigar el bosque sin lecturas previas. Si de niño se jugó mucho al aire libre, se pueden compartir estas experiencias con los propios hijos. Este tipo de anécdotas suelen gustarle a los niños. Incluso se pueden construir pequeñas chozas con ramas o un pequeño dique en un arroyo.

Otra opción es salir a caminar con los sentidos bien alertas: ¿qué sonidos se escuchan en el bosque? ¿Cómo se ven las distintas hojas? ¿Cómo se siente la corteza de un árbol? También se pueden vendar los ojos de los niños y jugar a reconocer los árboles que se tocaron previamente mediante el tacto. “Para eso no hay que contar con conocimientos previos”, dice Schmidt. “Tampoco importa el nombre del árbol, sino reconocerlo”.

Escuchar, ver, sentir y desgustar: el bosque apela a todos los sentidos. En primavera, los niños pueden tocar cuidadosamente los brotes de los árboles, mientras que en verano y en otoño pueden recolectar bayas. Si se las va a comer en el momento, hay que tener en cuenta que los frutos crezcan al menos 20 centímetros -idealmente un metro- por sobre el nivel del suelo. Si se encuentran más cerca del piso es necesario lavarlos para evitar el riesgo de ingerir la tenia del zorro.

Si los niños se aburren, se pueden jugar pequeños juegos, como por ejemplo este: todos tienen que buscar algo duro, algo blando, algo oscuro y algo claro. Luego, todos los participantes comparan sus hallazgos y se llevan los más bonitos a casa. Otra opción es pedirle a los niños que encuentren una parte del camino que los adultos conocen de antemano, por ejemplo: “Busquen una curva en el camino sobre la que hay un enorme pino con un nido”. También se los puede entretener jugando al clásico “veo-veo” mientras se camina.

¿Y si el fin de semana llueve y hace frío? Los amantes del bosque aseguran que hay que conocerlo con todos los climas posibles y en todas las épocas del año. De esta forma, los niños aprenden a apreciar los cambios que sufre el bosque a lo largo del año: cómo caen las hojas, cómo surgen los brotes, cómo cambian sus colores.

Además, vivir el bosque en profundidad permite crear una conciencia ecológica en los niños. Recorriéndolo, los más pequeños toman nota de lo importante que es el papel del bosque a la hora de evitar el cambio climático. De esta forma, los paseos por el bosque pasan a ser no sólo una diversión, sino también un pequeño aporte a la protección del medio ambiente.

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